viernes, 9 de enero de 2009

Para tranquilizar al personal: La segunda del "Poeta Trágico"

Hace mucho tiempo decidí renunciar a: ser una "damita", para ser una mujer; a convertirme en un trofeo o en un florero para nadie; a justificar mis decisiones y a recibir menos de lo que doy.
Sin embargo, en vista del revuelo que ha causado la entrada anterior (revuelo que, por otra parte, no se ha traducido en comentarios dentro del contexto de este blog, que fue donde apareció), he decidido hacer algunas puntualizaciones, más que por justificarme o hacer las paces con alguien, pues para tranquilizar al personal que, a estas alturas, está preocupadísimo por las repercusiones personales que, mis palabras, pueden causarles...

La única bruja soy yo, ¿vale?...lo soy, lo acepto y, es más, me enorgullezco de serlo, especialmente si esto significa ser leal y congruente conmigo misma. Si quiere decir que, a pesar de los autos de fe, de las antipatías que puedan generar mis palabras, y de las hogueras públicas y privadas, todavía soy capaz de decir ¡Basta! a situaciones que no pedí, ni busqué, ni merezco.

Orgullosa, además, porque pesa más mi escala de valores personal que todos los convencionalismos y estereotipos femeninos o masculinos.

Desde luego no se me olvida que, en un país como el mío, para las mujeres el concepto de "dignidad" implica quedarse calladita y sufrir en abnegado silencio, por lo que no me ha extrañado nada la reacción a ésa y a futuras entradas. Ya lo había dicho en la explicación del "Bichonario": para algunos (as), todas las mujeres son iguales, excepto la madre (y las hermanas, claro). Esas son benditas y, en consecuencia... bueno, ya lo dije ahí, para qué repetirlo (lo gracioso de esto es que, no he sido yo la que he hablado mal y, sin embargo, todo el mundo ha pasado por alto que es peor que un hijo se exprese - de bromas o veras- de la forma en que la rémora esa se ha expresado).

Así que esta "hereje" que soy yo y que, como dice Sabina, "Siempre tuvo la frente muy alta, la lengua muy larga y la falda muy corta", acepta todos los "sanbenitos" que quieran regalarle, así como todas las "letras escarlata" que quieran bordarle, siempre y cuando tomen en cuenta que:

1.- No digo mentiras y, por tanto, tampoco permito que me mientan.
2.- No le quito el tiempo a nadie y considero un insulto que dispongan del mío.
3.- Que puedo ser solidaria y gentil, pero no indiscriminadamente , especialmente con
personas que, a posta, se dedican a tirarme piedras, escondiendo la mano o resguardándose en la sombra de la, estudiada, inconsciencia absoluta.
4.- Que no necesito tirar indirectas a nadie, porque soy lo bastante clarita, para decir lo que quiero, a la persona a la que quiero decirlo.
5.- Que soy capaz de guardar un secreto o una confidencia, mientras no vaya de por medio mi supervivencia personal.
6.-Que soy incapaz de criticar a una mujer, bajo ninguna circunstancia, porque soy muy respetuosa de las elecciones que cada congénere mía, considere como fundamentales para ser feliz. Por tanto, demando el mismo respeto.
7.- Y que considero, como crimen de lesa humanidad, el que alguien quiera verme la cara de tonta, insultando mi inteligencia (o sea, el que se lleva se aguanta).
8.- Igual de grave es que, a sabiendas, se juegue con mi estado de salud, aumentando mi nivel de estrés sin consideración alguna (y de esto tenía una idea muy clarita el poetucho de marras, porque fue informado al respecto).

En resumen, que la entrada para el "Poeta Trágico", estaba dedicada al personajete en cuestión y que las preocupaciones que despertaron en otros son meros efectos colaterales porque aquí no he mencionado nombres, ni lugares, ni grupos en particular. Me limité a repetir las diatribas del fulano en cuestión., tal y como reproduje las del "Enano Mental" por congruencia y porque así es el formato que pensé para el libro en cuestión.

Ya de pasadita, pedirles a los y las atentas vigilantes de mi reputación personal que, en aras de la congruencia, también muestren (o finjan) consideración por mi estado de salud, por si tengo para comer o no o, mínimo, para empatizar con algunas de mis preocupaciones.

Al "Poeta Trágico", mi enhorabuena porque, nuevamente, otros se han encargado de limpiar la basura que deja en todo lo que toca. A ver si la estrategia del "pobredemíperotevoyaacusarmirenloque me hizo" le dura tanto o más que una mala novelita televisada.


LA JUSTA CÓLERA
Clarisa Pinkola Estés, en "Mujeres que corren con los lobos"

El hecho de ofrecer la otra mejilla, es decir, de guardar silencio en presencia de la injusticia o de los malos tratos, se tiene que sopesar cuidadosamente. Una cosa es utilizar la resistencia pasiva como herramienta política tal como Gandhi enseñó a hacer a las masas, y otra muy distinta que se anime u obligue a las mujeres a guardar silencio para poder sobrevivir a una situación insoportable de corrupción o de injusto poder en la familia, la comunidad o el mundo. Las mujeres sufren la amputación de la naturaleza salvaje y su silencio no obedece a la serenidad sino que es una enorme defensa para evitar unos daños. Se equivocan quienes piensan que el hecho de que una mujere guarde silencio significa siempre que ésta aprueba la vida tal y como es.

Hay veces en que resulta absolutamente necesario dar rienda suelta a una cólera capaz de sacudir el cielo. Hay un momento- aunque tales ocasiones no abunden demasiado, siempre hay un momento- en que una tiene que soltar toda la artillería que lleva dentro. Y debe hacerlo en respuesta a una grave ofensa, una ofensa muy grande contra el alma o el espíritu. Una tiene que haber probado primero todos los medios razonables para que se produzca un cambio. Cuando todo falla, hemos de elegir el momento más adecuado. Existe sin duda un momento apropiado para desencadenar toda la cólera que la mujer lleva dentro. Cuando las mujeres prestan atención al yo instintivo...saben que ha llegado la hora. Lo saben intuitivamente y obran en consecuencia... El hecho de dar vida es un impulso innato en casi todas las mujeres. Es algo que siempre suelen hacer muy bien. Sin embargo, existe también un momento para la ráfaga que sale de las entrañas, un momento para la justa cólera y la justa furia... No solo es un derecho sino que, en determinados momentos y en ciertas circunstancias, constituye para ella un deber moral. lo cual significa que llega un momento en que las mujeres tienen que enseñar los dientes, exhibir su poderosa capacidad de defender su territorio y decir "Hasta aquí y no más, se acabó lo que se daba, prepárate, tengo algo que decirte, ahora verás lo que es bueno".

El instinto herido ha de curarse practicando la imposición de unos sólidos límites y practicando el ofrecimiento de unas firmes y, a ser posible, generosas respuestas que no cedan, sin embargo, a la tentación de la debilidad.

Y bueno yo a mis hijos les doy, cuando mucho, tres "generosas respuestas", por lo que no estoy obligada a dar a otros, más de las que les doy a ellos. En este caso, mi poeta trágico gozó de más oportunidades- que no supo aprovechar- y ni siquiera de mi familia es...

Repito, a ver si de una buena vez queda claro: el problema es con el poeta patético...con nadie más.

2 comentarios:

Unknown dijo...

me gusto el blog, alguie tiene que educar a los cretinos, gandalla y seudo intelectuales...

salud!

pd. deberías de hacer un reseñita del libro de Dominick Dunne para acompañar tu fondo musical, creo que sería divertido leerlo de ti, esa Felipe es la ostia!

Nadxi dijo...

Gracias Magnolia, bienvenida al blog.

Ya me haré la reseña, en cuanto reparta unos cuantos sopapos que ando debiendo jejejeje

La Felipe es lo máximo.